Discurso ofrecido por el Dr. en C. Adán Yáñez Larios, con motivo de la entrega de la Presea al Mérito Académico 2011 Enrique Díaz de León. Salón Juan Rulfo de la Feria Internacional del Libro. Expo Guadalajara. 2 de Diciembre 2011.
Muy Buenos días:
Distinguidas personalidades de la mesa de honor.
1.- Dr. Marco Antonio Cortés Guardado.
Rector General de la Universidad de Guadalajara.
2.- Dr. Martín Vázquez Magaña.
Secretario General del Sindicato de Trabajadores Académicos.
3.- Dr. Héctor Raúl Pérez Gómez.
Rector del CUCS
Distinguidos Rectores de los Centros Universitarios de la Red Universidad de Guadalajara.
Académicos Homenajeados.
Investigadores, Docentes, Directores de División, y de Instituto, Coordinadores de Área.
Alumnos de Pre y Posgrado.
Sras. y Sres.
¡Con su Venia!
Tengo el privilegio de emitir un mensaje por parte de los académicos distinguidos con la Presea al Mérito Académico “Enrique Díaz de León”.
Y quisiera dedicar respetuosamente mi participación a los hombres y mujeres quienes constituyen con su labor cotidiana la solemne voluntad y el apostolado que significa, formar parte de este grupo de colegiados y guías en las diversas categorías y corrientes del saber humano.
También quiero dedicar mi participación al espíritu y razón de ser de la Universidad de Guadalajara.
Enrique Díaz de León (1893-1937) Hombre ilustre.
Destacado intelectual y político, además “Paladín de la reforma universitaria” el gobierno de Francia le concedió las palmas académicas. Catedrático, diputado y 1er Rector de la Universidad, desde su re-constitución en el año de 1925.
Todos quienes nos encontramos en este recinto solemne “Salón Juan Rulfo”, ejercemos a cabalidad el compromiso de contribuir a la modificación positiva de nuestro entorno inmediato.
Así como a elevar en el nivel intelectual y humano de los miembros que la sociedad nos ha confiado.
Somos profesionales emanados de la cultura del esfuerzo, del sacrificio, de la profunda responsabilidad y el compromiso ilimitado que representa la docencia, la investigación, la tutoría. La enseñanza.
Si bien gozamos de legítimas convicciones personales, también y por sobre muchas consideraciones poseemos un agudo sentido de la lealtad, así como de la creencia de que en el compromiso y el trabajo se encuentran las llaves que abren todas las puertas.
Quienes tenemos como hogar a la U de G cohabitamos la mayor parte del tiempo con una interpretación muy importante y trascendental de la vida misma.
Las dificultades y sinsabores de los tiempos actuales las traducimos en mejorar esfuerzos y orientar nuestras fortalezas en la búsqueda constante de nuevos espacios de oportunidad, para la comunidad estudiantil y la sociedad en general.
Rebasamos ya, los 7 mil millones de seres humanos en el mundo.
Para los académicos representa un reto que habremos de superar, conformando equipos multi, inter y trans disciplinarios de investigación y trabajo. Bajo objetivos comunes, escuchando siempre las voces de nuestros alumnos y colegas que hablen de inspiración, esfuerzo, compromiso, ética, ciencia, asombro y conocimiento.
Todas ellas han encontrado amorosa acogida en nuestras almas y nuestras memorias. Son tiempos de mucho trabajo y estudio, son tiempos de tener esperanza y fe. Son tiempos de redoblar esfuerzos y voluntades.
Para el académico, el científico y el poeta son los ingredientes de donde manan las posibilidades creadoras, para que el camino rinda los frutos resultantes de lo que se ha sembrado.
La Universidad está atenta a las revelaciones de sus miembros; porque en ellas está verdaderamente la capacidad de llenar el vacío que le queda a toda obra derivada de su quehacer formador de recursos humanos, una vez que ha atendido las exigencias utilitarias de su propia causa.
¿Qué hacer? ¿A qué o a quién recurrir en estos convulsos e históricos momentos?
Nuestra obra, nuestra labor, nuestra humilde aportación ha tenido como carburante la influencia del saber y del derecho –pero también la obligatoriedad- a saber y poder transmitir dicho conocimiento a favor de nuestros semejantes.
A donde quiera que nos dirigimos, portamos orgullosos los colores e insignias de la Universidad de Guadalajara. Las aspiraciones y deseos de ser mejores, de evolucionar, de cumplir con suficiencia el mandato que nos ha entregado la sociedad…con el corazón y la confianza.
Dicho lo cual.
Somos obligados pero también bendecidos a continuar llevando en nuestros hechos, la esperanza en un día mejor -Todos los días-.
Los homenajeados venimos a esta ceremonia de nuestro trabajo y esfuerzo en los laboratorios, consultorios, oficinas y talleres. En el quirófano, en el aula y el auditorio. De nuestro trabajo intelectual y trabajo de campo.
Venimos de la palabra hablada, de la palabra escrita. Pero todos, absolutamente todos venimos aquí, de un solo lugar: La fortaleza del corazón y espíritu inquebrantables.
Aún cuando se apaguen las luces de nuestros edificios, laboratorios, talleres y bibliotecas.
Aún cuando se apague la propia vida. Nuestra obligación será trascender.
Este hecho será irrenunciable, intransferible, impostergable.
Pasaremos por este mundo, como hoy pasamos por éste maravilloso escenario. Que quedara grabado como huella indeleble en nuestros corazones.
Y sin embargo.
La certeza de nuestra muerte es fuente de vida. En la lealtad a nuestros semejantes se describe implícitamente que en el conocimiento, tanto como en las obras de arte, triunfa la vida sobre la muerte.
Por ello: La Universidad es fuente de vida. De muchas vidas.
Reconozco en los galardonados, ética y disciplina que ha trascendido al tiempo y que han dado identidad a la misma institución en un círculo virtuoso, donde el trabajo, la vigilia y el sueño anhelan un mundo mejor.
Tenemos las mismas necesidades humanas esenciales y las preocupaciones derivadas de ellas. Todos nosotros, seres humanos, queremos la libertad y el derecho de determinar nuestro propio destino como individuos, como instituciones y como pueblos.
Tal es la naturaleza humana.
Hoy por hoy se están librando batallas en diversas partes del mundo. Es una clara indicación de que deberemos reflexionar. Aquí y ahora.
La ignorancia es la causa de todo sufrimiento. La gente infringe dolor a otros en la búsqueda egoísta de su propia felicidad y satisfacción.
Sin embargo, la verdadera felicidad surge de un sentido de hermandad. Necesitamos cultivar una responsabilidad universal hacia los demás y hacia el planeta que compartimos.
Ello, sólo la Universidad lo puede hacer. Ninguna otra institución puede procurar el combate a la ignorancia y la barbarie. Así como al obscurantismo y el atraso.
Busquemos un mundo mejor.
Un mundo de oportunidades y de justicia. Un mundo donde el lenguaje sea común
“Por un mismo idioma, la excelencia académica y profesional.”
No me resta, más que agradecer a todos Uds. por dictaminar que nosotros seamos identificados y distinguidos con los mandatos e ideología de esta casa de estudios: “Piensa y Trabaja”
Y con ello somos merecedores y depositarios del Galardón Universitario Enrique Díaz de León.
¡Vaya felicidad! ¡Qué enorme compromiso!
Compartimos esta inmensa alegría con todos Uds.
Padres, hijos, hermanos, esposas, esposos y compañeros de profesión y de esfuerzo diario.
No los nombraremos…Uds. saben perfectamente quienes son; están aquí y han estado siempre. En nuestros corazones y recuerdos.
Ha sido su apoyo, paciencia, trabajo, profundo compromiso y amor. El motor que alimenta nuestro espíritu.
Les estamos “eternamente agradecidos”
Por su atención muchas gracias.